Aunque es tan viejo como el propio cine (ahí están las famosas películas encargadas por Alfonso XIII para confirmarlo), el porno fue un género marginal hasta principios de los años 70, cuando Garganta profunda (Deep Throat, Gerard Damiano, 1972) convirtió a Linda Lovelace en una celebridad y la flor y nata del Nuevo Hollywood legitimó el cine X como una afición moderna y distinguida, hasta el punto de acuñar el término porno chic, tal como explica el sensacional documental Dentro de Garganta Profunda (Randy Barbato y Fenton Bailey, 2005). No solo Lovelace, otras actrices para adultos como Marilyn Chambers o Georgina Spelvin también alcanzaron la categoría de estrellas.
No es mi intención hacer aquí una breve historia del porno ni entrar en el debate sobre el género, largo y complejo, sino poner en contexto la coyuntura que permitió establecer un auténtico star system del sexo en los años 80, potenciado por la aparición del reproductor de video doméstico, y en el que había algunos actores (Ron Jeremy, Peter North), pero fueron las mujeres las que destacaron en número, dado el mayoritario porcentaje masculino en el consumo. ¿Sus nombres? Ginger Lynn, Christy Canyon, Jeanna Fine, Hyapatia Lee o Traci Lords, la más controvertida de todas ellas, ya que fue motivo de escándalo cuando se descubrió que había rodado todas sus películas siendo menor de edad. La industria la repudió y ella abandonó el cine para adultos con la intención de labrarse carrera como actriz convencional.
En 1996, Manuel Valencia y yo escribimos la única biografía suya existente en castellano, editada por Midons, para la que recopilamos abundante información en una época anterior a internet en la que era bastante complicado hacerlo. Para ello, entramos en contacto postal con fervorosos fans de otros países como Steve Rag, que hacía el fanzine Nora K (por el nombre real de Traci, Nora Louise Kuzma) y a quien pedimos el prólogo, pero ni se nos ocurrió tratar de contactar con ella, misión imposible con nuestros medios aquel entonces.
El libro era producto de un interés que no terminó con su publicación. Cuando tenía oportunidad, sacaba a relucir a Traci, ya fuera colándole un reportaje de portada a la Cartelera Turia o aprovechando que entrevistaba a Iggy Pop para preguntarle por el rodaje de Cry-Baby (John Waters, 1990), en la que habían coincidido. «Me llevaba muy bien con ella», contaba. «Creo que tiene una mente fuerte y segura. Estaba absolutamente determinada a triunfar fuera del porno. Es la única que ha cruzado la barrera. Admiro su determinación. Cuando la conocí, ella salía con el típico gilipollas de Hollywood, un tipo con un cargo menor en algún estudio, que llevaba uno de esos cortes de pelo a lo Rod Stewart. En el rodaje trabajaba un tío muy majo de Baltimore, se enamoraron, se casaron y así se deshizo del tipo de Los Ángeles». Hoy ya no es la única actriz con pasado porno que ha hecho carrera en el cine mainstream, pero sin duda fue la pionera.
El caso es que empecé a colaborar con festivales de cine y no tardé en proponerla como invitada, recibiendo siempre las negativas obvias (finalmente, Sitges le rendiría tributo en 2018), pero eso me permitió dar un paso más y conseguir el contacto de su agente. Así que, en 2009, cuando se anuncio que se iba a estrenar en España ¿Hacemos una porno? (Zach and Miri Make a Porno, 2008), la última comedia de Kevin Smith, eché mano de la agenda, hablé con Estados Unidos y pedí una entrevista con ella, con la excusa de la promoción de la película. Apareció en junio, en el suplemento Neo de La Cartelera de Levante, donde el director de la publicación, Ramón Ferrando, me permitía hacer lo que me daba la gana, es decir, escoger los contenidos que consideraba de interés sin cuestionar mis decisiones, respetando y fiándose de mi criterio. Bendito sea.
Así fue como un día descolgué el teléfono para hablar con una Traci Lords que por entonces llevaba una vida tranquila, felizmente casada por tercera vez desde 2002 con Jeff Gruenewald, un hombre ajeno a la industria del cine. Como siempre, la lectura retrospectiva de aquel artículo permite sacar interesantes conclusiones. Por ejemplo: el concepto de serie de televisión ha dado un giro copernicano en apenas dos décadas. Y pese a lo que afirma en la conversación, Traci no hizo más discos (solo el single que anuncia) ni volvió a dirigir. Tampoco rodó con Fincher o Van Sant. Pero sigue trabajando dignamente en televisión y películas de bajo presupuesto en las que, a menudo, su presencia es el único motivo que justifica el visionado.

 

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TRACI LORDS

ATRAPADA POR SU PASADO

Empeñada en dejar atrás su pasado en el cine para adultos, la actriz norteamericana se ríe de sí misma en ¿Hacemos una porno?, la nueva película del director Kevin Smith

 

Pasará a la historia por el escándalo que protagonizó en 1987, cuando se supo que había realizado más de cincuenta películas pornográficas siendo todavía menor de edad. Más de veinte años después, Traci Lords intenta mantener una carrera como actriz convencional que se ha desarrollado entre series de televisión y producciones de bajo presupuesto, pero que puede recibir un empujón gracias a ¿Hacemos una porno?, donde ha trabajado a las órdenes de Kevin Smith.

La cita telefónica con la actriz es a las nueve de la mañana, hora de Los Ángeles, pero no es temprano para ella. «Tengo un bebé de veinte meses y suelo levantarme todos los días a las seis», asegura. «Es mi primer hijo y espero que el único, porque es maravilloso, pero también resulta agotador, así que, de momento, no tengo intención de que la familia crezca. Debería haberlo tenido antes, pero mi marido y yo nos hemos pasado mucho tiempo viajando y trabajando, y ahora tengo ya cuarenta años».

¿Cuál fue tu primera reacción al recibir el guion de ¿Hacemos una porno?

Estaba entusiasmada por la posibilidad de trabajar con un director como Kevin Smith, pero el título de la película me hizo pensármelo.

¿Qué fue lo que te convenció para aceptar el papel?

Leí el guion en el salón de casa de Kevin. Me reí tanto que se me saltaron las lágrimas. Me pareció muy bueno y pensé que interpretar a Bubbles podría ser divertido. Era un buen personaje, así que no me asustó correr el riesgo.

¿Crees que, de algún modo, el personaje ofrece una mirada irónica sobre tu pasado?

Kevin no lo escribió pensando en mí, así que no creo que tenga nada que ver conmigo de manera específica. Pero, obviamente, al darme el papel era consciente de que yo tengo una historia detrás. Si lo hubiera hecho otra actriz, no existiría la posibilidad de verlo desde un punto de vista irónico.

La película ha tenido problemas en algunos lugares de Estados Unidos por llevar la palabra ‘porno’ en el título. ¿No te parece una postura hipócrita?

Creo que es algo ridículo. Para empezar, la película es una comedia y no contiene nada ofensivo. Si alguien tiene una erección viéndola, debería visitar a un terapeuta, porque no hay nada erótico en ella. Es muy divertida, pero no resulta sexualmente estimulante.

¿Fue fácil trabajar con Kevin Smith?

Me encantó. Tiene una visión muy personal de las cosas y sabe exactamente lo que quiere.

¿Crees que ¿Hacemos una porno? puede considerarse tu intento más serio de asentar tu carrera en el cine convencional?

Para mí, siempre se trata de hacer el mejor trabajo posible. En ese sentido, no distingo entre cine, televisión o internet.

De hecho, has trabajado mucho en series de televisión. ¿Les das la misma importancia que al cine?

Para mí, la diferencia más significativa es que en televisión se trabaja mucho más rápido. Pero estoy muy agradecida por haber tenido la oportunidad de hacer tanta televisión. No sé si mis fans europeos saben la cantidad de cosas que he hecho para la pequeña pantalla, porque supongo que no todas las series se habrán emitido allí, pero he participado en unas cincuenta, desde Matrimonio con hijos hasta McGyver, pasando por mucho telefilmes. Lo mejor de la televisión es que trabajas frente al público y todo se hace muy rápido, por lo que tienes más oportunidades, mientras que una película lleva meses.

¿No la consideras un medio o un género menor?

Mis experiencias han sido muy buenas, aunque actuar en el cine requiere más sutileza, especialmente si haces tanto drama como comedia.

En 2003 publicase Underneath It All, tu autobiografía (inédita en castellano). ¿Fue una manera de contrarrestar lo que otros habían dicho sobre ti?

No me planteé el libro de ese modo. Lo escribí porque pensé que tenía cosas que decir y sentía que mis palabras podían resultar de interés para la gente.

En 2005 escribiste y dirigiste el cortometraje Sweet Pea. ¿Cómo fue la experiencia?

En 2004 estuve de gira por Estados Unidos presentando Underneath It All, y en esa época pensé que me gustaría probar la experiencia de redactar un guion. Antes había escrito letras de canciones y algún relato, pero no un libro, que es un trabajo duro, porque no tuve ningún coautor, sino que lo hice todo yo misma. Pensé que un guion de cortometraje sería más difícil, pero, para probar, opté por un capítulo del libro que es muy importante para mí, porque aborda el tema del abuso infantil. La productora Fox Searchlab tenía un programa para mujeres en su laboratorio de desarrollo y me dieron una pequeña cantidad de dinero con la que pude rodarlo en dos días. Me ayudaron mucho. No creo que Sweet Pea sea un trabajo impecable, pero me siento muy orgullosa de él. Y espero poder dirigir más cosas en el futuro.

¿Y qué hay de tu carrera musical? En 1995 editaste el álbum 1000 Fires y desde entonces no has publicado nada.

Aquel disco lo sacó Radioactive Records, que actualmente no existe, así que editaré mi nuevo LP con otra compañía independiente. Son las que mejor entienden a los artistas, porque gozan de mayor libertad creativa. En septiembre sacaremos un single de adelanto del álbum.

¿En qué tipo de música estás trabajando? Tras tus colaboraciones con Manic Street Preachers y Ramones, parecía que te ibas a decantar por el rock, pero 1000 Fires era un disco techno. ¿Y el próximo?

Pese a ser un álbum de música electrónica, creo que mi primer disco tenía influencias rock. Control, el primer single, tenía unas guitarras muy heavy metal, un género que siempre me ha gustado. El concepto era hacer un disco dance con guitarras. Ahora sigo trabajando en música de baile, pero basada en las melodías, porque mi objetivo es escribir canciones realmente buenas, que luego pueden ser remezcladas para que puedan sonar en los clubes. Cuando apareció 1000 Fires, lo que hacía era muy underground. Varios años después, Madonna sacó su primer disco de música electrónica, que por entonces ya era parte del mainstream. Fui una de las pioneras del género.

Acabas de terminar una nueva película, I Hope They Serve Beer In Hell (Espero que sirvan cerveza en el infierno), a las órdenes de Bob Gosse, otro director de culto indie, responsable de Niagara, Niagara y Julie Johnson. ¿Qué puedes adelantar de ella?

Es otra comedia, y está previsto que se estrene a finales de año. Es una película muy divertida, e interpreto el principal papel protagonista. Pero lo mejor de todo es que no lleva la palabra ‘porno’ en el título (risas). Es ridículo, pero en Estados Unidos es más aceptable la idea del infierno que el porno.

 

Condenada a cadena perpetua

Recientemente se ha publicado en castellano El otro Hollywood. Una historia oral y sin censurar de la industria del cine porno. El libro se basa en cientos de entrevistas y contiene extractos de Underneath It All, pero sus autores, Legs McNeil y Jennifer Osborne, no llamaron a Traci Lords mientras lo confeccionaban. «Ni siquiera conozco el libro. Y no contactó conmigo. Ocurre con frecuencia. Mucha gente no lo hace porque cree que no quiero comentar nada sobre el tema. Y quizá se sorprenderían si me preguntaran. No me importa hablar de ningún aspecto de mi vida». Sin embargo, no deja de ser triste que, pasadas más de dos décadas de su retirada del porno, y después de haber trabajado con directores como John Waters, el tema de conversación siga siendo el mismo. «Más que triste, es aburrido (risas). Cuando era muy joven, me colocaron la etiqueta de diosa sexual o experta en sexo pero, si te soy sincera, ahora tengo mucha más experiencia en el tema, aunque me limito a practicarlo en la intimidad y con mi marido». Todavía hoy, Traci culpa a su pasado de la escasez de buenos papeles que recibe. «He aceptado los mejores guiones de entre los que he recibido a lo largo de los años. He luchado duramente para evitar el encasillamiento, pero ha habido ocasiones en que me he presentado a un casting y, cuando han visto mi nombre, ni siquiera me han permitido hacer la prueba. Normalmente, son los productores quienes lo impiden. He perdido papeles realmente buenos por culpa de este estigma, pero no voy a dejar de intentarlo. Quizá tenga que escribir mi propio guion. Me encantaría trabajar con Gus Van Sant o David Fincher. Estoy segura de que ellos tienen el valor suficiente para pasar por alto mi etapa porno».