A Lou Reed le precedía su leyenda. En su caso, estaba justificado calificarle de figura mítica dentro una cultura, la del rock and roll, que contribuyó a crear de manera decisiva. Y las historias que durante décadas se contaban de sus encuentros con los periodistas lo pintaban como un personaje complicado. El veterano Diego A. Manrique, que le entrevistó varias veces, dijo en un artículo publicado en El País que «todo plumilla musical que se precie atesora anécdotas que retratan la brusquedad, la susceptibilidad, la paranoia que caracterizan a Lou».
Con esos precedentes, en 1998 recibí una llamada para viajar a Madrid con objeto de entrevistarlo. El motivo era su visita promocional a España para promocionar la aparición de un disco en directo titulado Perfect Night: Live in London. La propuesta me provocó una mezcla de excitación y miedo. Excitación por la posibilidad de tener enfrente a un personaje de su talla; miedo, por la fama que arrastraba, pero sobre todo por las precauciones de su entorno. En la compañía de discos parecían verdaderamente preocupados porque Reed diera la espantada en cualquier momento, y no dudaban en aleccionar a los medios para evitarlo. Recomendaban, por ejemplo, no sacar a relucir en la conversación el nombre de Laurie Anderson, su pareja, por si se molestaba, pese a que ella era también una artista reconocida y su relación era de dominio público.
El encuentro tuvo lugar en junio, compartido con el compañero Josu Olarte, del diario El Correo, porque a los periodistas de provincias nos tocó hablar con Lou Reed por parejas. El artículo apareció en portada de On The Rocks, y lo cierto es que apenas tuvimos atisbo de esa «brusquedad, susceptibilidad y paranoia» a las que hacía referencia Manrique, que parecían ya cosa del pasado. Fue amable, dentro de las pautas que marca una relación como la que se establece entre periodista y artista, en la que, nunca me cansaré de repetirlo, ambos están trabajando, por mucho que haya diferencias, es evidente, entre entrevistar a un personaje fundamental del siglo XX o a un efímero cantante de temporada. La prueba concluyente de la buena disposición de Reed es que incluso nos atrevimos a sacar a colación a Laurie Anderson, y no pasó absolutamente nada.
Sin embargo, ese recelo mostrado por los responsables del sello discográfico se repitió dos años después, en marzo de 2000, cuando la publicación de Ecstasy y de un volumen con sus letras completas volvió a propiciar un encuentro con él. De nuevo se mostró muy accesible, e incluso me firmó el libro. Esta segunda charla aparecería en Neo, el suplemento del diario Levante, y fue un reportaje más corto, enfocado a un lector más generalista.
Rescato los dos artículos completos tal como aparecieron, con levísimas correcciones, ya que además son complementarios, al haberse publicado con solo dos años de diferencia. En ambos casos fue un privilegio compartir el tiempo con Lou Reed, no hace falta decirlo. Tras su muerte, en octubre de 2013, también escribí para Rockdelux el texto principal de un extenso número especial que apareció en diciembre de ese año para conmemorar su legado y que sí se puede encontrar en internet, en la web de la revista.

 

LOU REED

SOY LEYENDA

Fundador de The Velvet Underground, la banda que revolucionó el lenguaje del rock, autor de algunas de las canciones más importantes del siglo XX, adusto, polémico, contradictorio, domesticado al fin… Lou Reed, un visitante del infierno que logró abandonarlo con vida, publica nuevo disco, un directo titulado Perfect Night: Live in London.

 

Hace ya muchos años (actualmente tiene 56) que Lou Reed no pasea por el lado salvaje. La justa dimensión mítica alcanzada por The Velvet Underground y sus más de veinte álbumes en solitario bastan para trazar las líneas que delimitan la magnitud de su aportación musical a la historia del rock. Aunque, desde luego, Lou Reed es mucho más. Por ejemplo, un neoyorquino enamorado de su ciudad natal, y el hombre que fue capaz de dar un giro de 180 grados a la temática de las letras rock. En los últimos años ha multiplicado sus incursiones en otras disciplinas artísticas (fotografía, cine, teatro), pero no se olvida de satisfacer a sus millones de seguidores entregando cada cierto tiempo un nuevo trabajo discográfico. El más reciente lleva por título Perfect Night: Live in London, y es un directo grabado en el Royal Albert Hall de la capital inglesa en el que redimensiona algunos de los grandes clásicos de su trayectoria (I’ll Be Your Mirror, Vicious) y estrena algunas composiciones nuevas (Into The Divine, Talking Book), pertenecientes a la obra de teatro Time Rocker.

Para presentarlo se acercó a Madrid y ofreció una deslavazada rueda de prensa que alimentó su halo de personaje adusto, lacónico y poco comunicativo, aunque también arrojó algo de luz sobre sus primeros pasos con The Velvet Underground: «Cuando empezamos, nos fijamos una serie de valores cuya esencia he seguido todos estos años. Nos impusimos no tocar blues, porque todos lo hacían; también decidimos escribir sobre temas que nadie abordaba y hacerlo de una forma simple y clara, lo más sencilla posible. Y, por último, nunca seguir ninguna moda. Esas ideas básicas, junto a otros cien matices que aquí sería largo y difícil de explicar, son las pautas que todavía hoy son importantes para mí».

Minutos después, nos encontramos frente a frente con el mito en una soleada terraza del Hotel Villamagna. Entonces, en la intimidad de una conversación de carácter privado, comienza a desvanecerse la leyenda y, poco a poco, surge el hombre que la ha hecho posible.

 

Nuevas sensaciones

Está delgado, viste de manera informal, de negro de la cabeza a los pies, y no abandona su chaqueta de cuero ni sus gafas de sol. En cuanto se acomoda en la silla, dispuesto para iniciar la entrevista, repara en la grabadora que tiene delante. La coge y empieza a mirarla. «Tengo una igual», comenta. «No, no es como esta, sino otro modelo, una con control variable de la velocidad». La hace girar en sus manos. «¡Ah, también lo tiene! La uso para componer, porque me permite variar la velocidad de las canciones y comprobar qué tal quedan más rápidas o más lentas».

La técnica. Un aspecto de su trabajo que a veces ha quedado relegado en virtud de hallazgos más importantes. En su nuevo disco, no obstante, ha sido fundamental el uso del feedbacker, especialmente fabricado para él. «Utilicé una guitarra acústica tocada a través de un amplificador de guitarra eléctrica, lo cual suele crear problemas. El aparato que usé para evitarlos me lo construyó un amigo que es ingeniero de sonido y siempre se encuentra con problemas de este tipo, principalmente por culpa del feedback (N. del A: también conocido como acople, es un efecto de retroalimentación que se produce cuando la señal de la guitarra es captada por el micrófono o las pastillas, amplificada y luego devuelta a la guitarra a través del amplificador). El sonido final es muy rico, grande, puro. Me dio una pequeña caja arreglada especialmente para cada cuerda, con el fin de evitar el feedback. Lo construyó especialmente para mí porque se lo pedí, pero ahora está en una página web, así que mucha gente lo utilizará y pensará que ha tenido una gran idea».

No deja de resultar irónico que un músico capaz de grabar el impactante Metal Machine Music (1975), una oda a la distorsión y el ruido que a buen seguro sigue siendo disco de cabecera de Sonic Youth, trate ahora de buscar el máximo posible de limpieza en sus grabaciones. «Sí, es divertido, pero en este caso concreto el feedback puede sonar de un modo realmente desagradable, nada atractivo, y te obliga a tocar de un modo diferente. No es lo que quería esta vez».

El contenido de Perfect Night: Live in London está también muy lejos de ser el de su primer trabajo en directo, Rock’n’Roll Animal (1974). Reed es ahora un hombre más reflexivo. Habla con voz pausada, deteniéndose en mitad de alguna frase para hacer comentarios sobre el tiempo o encenderse un puro. Su actual estado de ánimo tiene un reflejo perfecto en el disco, donde junto a algunas canciones recientes pueden hallarse gemas del pasado a las que ha dado un nuevo tratamiento. «Le dije a los chicos de la banda que me ayudaran a elegirlas. Buscamos canciones que nos divirtiera tocar. Podíamos escoger las que quisiéramos, evidentemente, y cada uno aportó sus propuestas. Fue una decisión democrática».

De este modo se incluyeron clásicos como Vicious o New Sensations en versiones completamente nuevas. «Realmente me encanta Vicious tal y como ha quedado grabada en este disco. He tenido la oportunidad de hacer cosas que no pude hacer en su momento, especialmente con esta guitarra de la que hablábamos. Me agrada ese sonido tan cercano. También llegamos a tocar una versión una vez en Nueva York con David Sanborn que resultó muy funky. Sé que es una palabra que suena demodé, pero lo fue, y lo pasamos realmente bien. En cuanto a New Sensations, todos querían tocarla. Nos gusta mucho la parte inicial de Fernando (Saunders, bajista del grupo), aunque yo prefiero la de la guitarra» (se ríe).

 

Satélite de amor

El disco también incluye algunas de las piezas que escribió para la obra de teatro Time Rocker, un proyecto de Bob Wilson (quien ya había trabajado anteriormente con Tom Waits y William Burroughs) que supone su primera incursión en este terreno. «Bueno, eso no es del todo exacto, porque anteriormente hice Songs for Drella, con John Cale, aunque no sea lo mismo. Esta vez todos los temas han sido cantados por gente diferente y había una orquesta tocándolos, fue interesante. La obra pertenece a una compañía teatral alemana, y no es fácil llevarla a otros lugares. En Estados Unidos solo hubo diez representaciones. Resultó divertido, porque era otra gente la que interpretaba las canciones y yo no tenía que preocuparme la noche del estreno, simplemente debía permanecer sentado allí. ¡Fue terrible!» (vuelve a reírse).

Su trabajo con Wilson le coloca de nuevo entre los artistas contemporáneos más avanzados, demostrando que el rock sigue siendo una expresión musical de vanguardia. «Todo depende de cómo se utilice. Hay cantidad de cosas que se pueden hacer con la música. Todavía hay shows y grupos en Nueva York en los que están integrados músicos de rock que hacen lo que la gente llama música de vanguardia. Puedes hacer lo que quieras».

La publicación del disco coincide también con la difusión de Rock And Roll Heart, un espléndido y minucioso documental televisivo de la serie American Masters, dirigido por Timothy Greenfield-Sanders, que incluye gran cantidad de material inédito y numerosos testimonios exclusivos (Maureen Tucker, John Cale, Patti Smith, Lee Ranaldo, David Byrne) y en el que se analiza la trayectoria de Lou Reed desde sus inicios hasta el presente. Su estreno en España tendrá lugar en el próximo festival de San Sebastián, y Reed asegura que se trata de su definitiva biografía autorizada. «Bueno, al menos es la primera vez que me han pedido permiso para hacerlo. Y es la única que apruebo personalmente. Las demás no me interesan, y en cuanto a los libros escritos sobre mí, ni siquiera los he leído, los he ido descubriendo cuando otros me han hablado de ellos».

Acostumbrado a que se propaguen toda clase de rumores sobre su vida, tanto pública como privada, el artista trata de dejar las cosas claras antes de que la conversación tome derroteros que no sean de su agrado. «No estoy interesado en hablar de cotilleos. Mi vida no es asunto de nadie. La gente puede parlotear todo lo que quiera, pero yo no».

Tampoco es nuestra intención, pero es conocida su relación desde hace algún tiempo con Laurie Anderson, artista multimedia neoyorquina (música, montajes escénicos, cine) responsable de la programación del Meltdown Festival en 1997. De hecho, fue ella quien incluyó a Reed en el cartel, y de aquella actuación surgió el nuevo disco, así que… «Está bien. Dejad que os diga algo: es el amor de mi vida, una mujer asombrosa y llena de talento. Es maravilloso estar aquí ahora, pero lo sería mucho más si ella pudiera estar conmigo. Y debo reconocer, ciertamente, que Set The Twilight Reeling (1996) es un disco de Laurie. No es ningún secreto».

 

Corazones legendarios

Otra de las novedades de Perfect Night: Live in London es que se trata del primer disco en la trayectoria de Lou Reed que aparece en el sello Reprise, propiedad de su buen amigo Howard Klein. Las malas lenguas dicen, incluso, que ese es el motivo de que últimamente el arisco guitarrista esté más abierto a los medios. «Me alegra estar en Reprise, pero soy más accesible a la prensa actualmente porque antes pensaba que era algo así como el enemigo a batir, consideraba que podía ser atacado y estaba a la defensiva. Pero eso se acabó. Trato de hacer buenas canciones desde hace años, pero en muchos casos la gente no las apreció. Bien, pues todavía estoy aquí. No volveré a sentirme nunca más el ser desvalido que solía pensar que era, me he ido dando cuenta con el tiempo de que tengo cierto poder».

Un poder que tiene mucho que ver con su impecable hoja de servicios, en la que sigue jugando un papel destacado The Velvet Underground, considerado por muchos el grupo responsable del sonido y la actitud de la mayoría de bandas americanas actuales con algo interesante que decir. Su influencia sigue siendo incalculable, y es consciente de ello. «Es así porque The Velvet Underground fuimos los primeros y los mejores. Y de largo. Todo el mundo lo sabe. No se puede cambiar la historia. No puedo decir cosas así en una rueda de prensa, porque suena pretencioso. Debe ser otra gente quien lo diga, pero es cierto».

Las nuevas generaciones tuvieron incluso la oportunidad de verlos en directo, gracias a la reunión de la formación original en 1993, por iniciativa de la Fondation Cartier de París. Una reunión que, como era de prever, duró poco. «Los problemas que surgieron cuando empezamos a finales de los sesenta volvieron a reproducirse. Exactamente los mismos. Pero esta vez sabíamos que podía ocurrir, y teníamos claro que si surgían complicaciones, lo dejaríamos. La intención de la reunión era divertirnos juntos otra vez. En el momento en que no fue así, paramos».

No descubrimos nada afirmando que Lou Reed y John Cale han sido capaces de articular algunas de las más hermosas composiciones de la historia del rock. Ni que sus fuertes caracteres pueden chocar frontalmente y provocar un cataclismo mayor que el de varios meteoritos impactando contra la Tierra. Los rumores, sin embargo, se dispararon de nuevo, y se llegó a comentar que el regreso de la banda obedecía a cuestiones económicas. «The Velvet Undergorund nunca ganó un duro. Son los editores de discos piratas los que se han forrado a nuestra costa. Hicimos un disco en directo de la gira del 93, pero cuando apareció ya había varios piratas de cada uno de los conciertos. ¡Incluso con el logo y la misma portada que el oficial! Hay diecinueve distintos, es absolutamente increíble. ¿Qué es un músico hoy en día? Nada. Ni siquiera tienes garantías acudiendo a un abogado… ¡Oh, por favor, mejor que no empiece a hablar de los abogados! Están haciendo negocios todos los días con las propias compañías discográficas, pero es imposible encontrar uno que te represente como es debido. Se esconden».

Actualmente, Reed prepara una exposición fotográfica y un libro en el que se recogerá una selección de sus letras. Además, pronto podremos verle en Lulu on the Bridge, la primera película como director del escritor Paul Auster. «Somos amigos. Paul dice que le traigo buena suerte, y por eso a partir de ahora estaré en todas las películas que haga. En Lulu on the Bridge tengo un papel muy pequeño, aunque creo que es bastante divertido. Al menos, intenté que lo fuera. De hecho, me gusta actuar».

También avanza algo sobre su próximo disco. «En estos momentos tengo dos opciones: escribir nuevas canciones y publicar un nuevo LP o coger los temas de Time Rocker y poner a diversos intérpretes de todo el mundo a grabarlos conmigo. Es un material demasiado bueno como para que no se publique. Pero yo no puedo cantar todas las canciones, porque están escritas para otros».

Entonces aparece Ferran, de Warner Records, y anuncia que el tiempo ha terminado. Lou le mira, sonríe y comenta: «¿Ya ha pasado media hora? ¡Vaya!» Se levanta, nos da la mano y se aleja hacia el interior del hotel. Día perfecto en Madrid.

 

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LOU REED

ANIMAL DE ROCK’N’ROLL

El legendario rockero neoyorquino publica Ecstasy, un nuevo disco con el que abunda en su condición de artista testigo y participante activo de su tiempo

 

Nadie hace un disco de Lou Reed como Lou Reed. Cuando le sale, claro. Y aunque la frase pueda parecer una perogrullada, no lo es tanto, porque si bien su inconfundible estilo compositivo y vocal ha sido imitado con mayor o menor fortuna durante décadas, no es menos cierto que cuando el maestro decide descolgarse con una soberbia colección de canciones, a sus discípulos solo les queda la opción de ruborizarse y hacerse a un lado. La última vez que ocurrió algo así fue en 1989, cuando New York (tras los fallidos New Sensations y Mistrial) demostró que el veterano exmiembro de The Velvet Underground todavía no estaba muerto artísticamente hablando. Una década después, Ecstasy significa una nueva piedra de toque en un momento similar, cuando el coyuntural directo Perfect Night: Live in London y sus devaneos teatrales y literarios parecían haber relegado a segundo plano al músico de raza que había sido capaz de grabar Transformer (1972), Berlin (1973), Coney Island Baby (1975) y The Blue Mask (1982). «Escogí ese título porque creo que, esencialmente, define perfectamente el contenido del disco. Y me gusta cómo suena la palabra», justifica un Reed lacónico, que domina a la perfección su vertiente de personaje incómodo, huraño, caprichoso y genial, capaz de mantener en jaque a toda la plantilla de Warner España («no queremos que España sea el lugar de Europa donde se levante en mitad de una entrevista y se marche»), pero también de dar muestras de su oblicuo sentido del humor cuando se le pregunta si ha sido fácil traducir en música un concepto tan intangible como el éxtasis. «Cualquier concepto es difícil de trasladar a la música, porque tienes que sentirlo. Y el éxtasis lo es particularmente porque no todo el mundo está de acuerdo en su significado o sabe lo que es. Es como la natación: Bruce Lee decía que puedes estudiarla cuanto quieras, pero tarde o temprano tendrás que meterte en el agua, y hasta entonces no sabrás realmente lo que es. Bruce Lee era un famoso filósofo», asegura mientras media sonrisa se escapa por la comisura de sus labios.

Por fortuna, y más allá de las boutades inherentes al carácter de su creador, Ecstasy permite disfrutar holgadamente con un puñado de canciones que reconcilia al seguidor de Lou Reed con los mejores momentos de su discografía, entre las que cabe incluir desde ya un tema como Like a Possum, definido por parte de la prensa estadounidense como su composición más ambiciosa hasta la fecha. «No hago muy a menudo canciones que duren dieciocho minutos, es cierto, pero llevaba bastante tiempo dándole vueltas a la idea de hacer un tema largo. Solo existen dos precedentes: el primero es Sister Ray, que grabé con The Velvet Underground; el segundo es Street Hassle. Bueno, y también hay una canción de dieciséis minutos en Metal Machine Music. Aún así, quería componer un tema largo. Pero no deseaba que fuera jazz, sino una canción en la que el oyente se diera cuenta de inmediato de que iba a durar bastante para que se pudiera relajar con ella, llevar la música a su propio terreno. En cierto sentido, es muy ambiciosa, para mí tiene algo emocionante, y me parece magnífico que alguien se la pueda llevar a casa, escucharla y sentir las mismas emociones que yo al hacerla. Es una forma diferente de concebir el tiempo. Ahora que le he dado forma, creo que haré una incluso mucho más larga. Para mí, es un regalo grabar una canción de más de tres minutos y medio. Es como una llave que te abre puertas hacia lugares donde te puede llevar la música. Eso me gusta».

 

Puro teatro

El trabajo precedente de Lou Reed había sido Time Rocker, banda sonora para un espectáculo dirigido por Robert Wilson, de la que ahora ha rescatado dos temas: Future Farmers of America y Turning Time Around. «Bob es un gran director. La iluminación de la portada de Ecstasy es suya. Incluí las canciones en el disco porque pensé que podía cantarlas. Las otras que escribí para la obra estaban destinadas a personajes con distintos timbres de voz, y no creo que yo hubiera podido interpretarlas. Ahora hemos terminado un nuevo trabajo juntos sobre Edgar Allan Poe».

Así pues, no hace falta preguntarle para saber cuáles son los nuevos proyectos de ambos. «Se trata de una obra basada en las historias, ensayos y poemas de Poe, que ya está representándose. El texto, la música y las letras son mías, mientras que Bob se ha encargado de la puesta en escena y la dirección. Es la primera vez que escribo todo el texto».

Sin embargo, su interés por el teatro no es nuevo. «Cuando iba a la universidad estudié interpretación, dirección, montaje de cine… Siempre me ha gustado el teatro, quizá porque es algo que sucede en directo. De hecho, mis canciones son de algún modo un monólogo personal al que le he compuesto una música específica».

¿Es lícito entonces preguntarse si se considera más escritor que músico? «Yo no me considero nada. Creo que soy afortunado por levantarme cada mañana y poder caminar. No establezco categorías sobre mi forma de ser, excepto cuando tengo que rellenar el espacio del pasaporte donde se consigna la profesión. A veces pongo leñador, otras médico… Da igual, no son más que palabras».

 

Cuestiones políticas

Evidentemente, a Lou Reed le interesan más los hechos. La cancelación de un concierto que tenía previsto realizar en Viena, por ejemplo, deja clara su posición al respecto de la actualidad política en dicho país, donde el ultraderechista Jörg Haider forma parte de la coalición de gobierno. «Mi comentario sobre la situación política en Austria es muy sencillo: No me interesa entrar en polémica sobre el tema. Simplemente, mis acciones son mi declaración de intenciones al respecto».

Más explícito se muestra cuando se trata de hablar de su propio país. El polémico juicio en el que varios agentes de policía neoyorquinos fueron puestos en libertad tras asesinar a un inmigrante resulta eficaz a la hora de extraerle comentarios de índole política. «Lo terrible es que esos policías están en libertad, aunque ahora los van a llevar a un tribunal federal. Y el otro día un niño de seis años mató a una niña de la misma edad. ¿Hasta dónde tienen que llegar las cosas para que se tomen medidas en el tema de las armas? Es increíble. Hemos entrado en un nuevo milenio y la situación continúa. El problema de Nueva York es su alcalde, Rudolph Giuliani, que espero no se mantenga en el cargo durante mucho más tiempo. Es una situación terrible, trágica».

No obstante, su posicionamiento ideológico no le impidió actuar para Bill Clinton en la Casa Blanca. «Tocamos, entre otras, Dirty Blvd., una canción nada divertida. Antes del concierto, la gente del entorno del presidente nos pidió ver las letras de las canciones para revisarlas, pero una vez estás sobre el escenario, nadie puede pararte, y debes hacer honor a tu propia música, toques donde toques».

Reed no considera que su autenticidad se vea mancillada por acciones como la citada, aunque se pone en guardia de inmediato. «Mira, toqué porque me lo pidió mi amigo Vaclav Havel. Nos habíamos visto en Praga y me propuso ir a tocar a la Casa Blanca cuando él fuera de visita. Yo le dije que si fuera a la Luna y me pidiera que tocara allí, lo haría».

Y así, sin bajar las defensas, aprovecha para dar por terminado el diálogo. Como cierre, y para que la leyenda se mantenga, responde acerca de la influencia que tiene en su trabajo la opinión de los medios de comunicación. «No leo la prensa, no me interesa lo que digan sobre mí». Lo que tiene que decir él se encuentra, en esta ocasión, en un gran disco llamado Ecstasy.

 

OBRA LÍRICA COMPLETA

Pass Thru Fire recoge todas las letras escritas por Reed a lo largo de su carrera

 

La publicación de Ecstasy coincide con la edición del libro Pass Thru Fire. The Collected Lyrics (en castellano, Atraviesa el fuego), un grueso volumen que recoge, por primera vez, la totalidad de letras escritas por Lou Reed desde sus tiempos en The Velvet Underground. Dedicado a Laurie Anderson, su pareja y responsable directa de alguna de sus obras anteriores (como Set The Twilight Reeling), el libro toma su título del primer verso de Magic and Loss, canción que formaba parte del LP homónimo. «Incluye canciones aparecidas en discos piratas, maquetas, pruebas de sonido, temas compuestos para bandas sonoras… Llevó mucho tiempo poder reunirlas todas, porque nunca hago copia de la mayoría de mis letras, e incluso algunas estaban sin escribir, así que tuvimos que echar mano de los discos originales. Fue un proceso largo y complicado, y soy consciente de que de no haberlo hecho así, los fans me hubieran matado».

Reed, que lleva mucho tiempo tratando de ser considerado como algo más que un músico rock, en el nivel en que lo han sido otros como Bob Dylan y Leonard Cohen, no se ha limitado a reproducir los textos y encuadernarlos juntos. El proceso ha sido más minucioso. «Lo cierto es que para escribir el libro tuve que volver a escuchar de nuevo la discografía completa de The Velvet Underground y plasmar las letras en el papel. Y también tuve que editar el material, porque no se trataba únicamente de copiar las letras, sino de ofrecer algo más al lector. Fue muy divertido hacerlo. A veces trabajamos con libros publicados por fans, que habían escrito textos muy precisos, reflejando con gran fidelidad cosas que dije o canté en el pasado. Los hemos comparado con la información de que yo disponía con la intención de que fuera un trabajo completo. El libro tiene una progresión lineal. Algunos periodistas amigos míos me reprocharon que montara el material, consideraban que sería injusto para el lector recortarlo, y pensé que tenían razón, así que el libro es el reflejo de mi progresión durante varias décadas».

De este modo, el oyente iniciado tiene la oportunidad de asistir al proceso de trabajo del neoyorquino, condicionado muchas veces por cuestiones más prosaicas de lo que parece a primera vista. «Sweet Jane, por ejemplo, ha sufrido un buen número de reescrituras y modificaciones, y yo no he ido guardando todas y cada una de ellas. Lo cierto es que hasta que no tuve un ordenador no empecé a guardar todos mis textos».