Soy de los que defiende la tesis de que la novela negra o hard boiled es la que nació en los Estados Unidos posteriores a la depresión económica y la ley seca, se desarrolló en publicaciones pulp y alcanzó hasta el periodo de posguerra. Novela popular de quiosco, muy alejada de los cenáculos literarios, que sin embargo fue capaz de reflejar a la perfección la sociedad corrupta y ferozmente capitalista que marcó su origen. ¿Autores? Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Horace McCoy, James M. Cain, Chester Himes, William Riley Burnett, Ross McDonald, Dorothy B. Hughes, Jim Thompson, David Goodis, Elliott Chaze, Charles Williams, Daniel Mainwaring/Geoffrey Homes, la trilogía de John Fraklin Bardin… De los posteriores, Donald E. Westlake, Edward Bunker, Ed McBain, el James Ellroy de los inicios, James Sallis, Walter Mosley, Richard Price o Dennis Lehane. Y entre los no americanos, y ampliando el espectro a variantes criminales de todo tipo y condición, el británico James Hadley Chase, los franceses Léo Malet, Boileau & Narcejac, Jose Giovanni y Jean-Patrick Manchette, los españoles Manuel Vázquez Montalbán y Carlos Pérez Merinero o el italiano Giorgio Scerbanenco.

Quizá se hayan producido condiciones socioeconómicas y políticas similares en otros países y en épocas posteriores que permiten trazar paralelismos con aquel momento, pero el apego a los clásicos me impide considerar novela negra tanto las modas nórdicas (se llamen Stieg Larsson o Henning Mankell, Camilla Läckberg o Åsa Larsson) como cualquier otro fenómeno de temporada. Entiendo que las editoriales tienen que vender, pero ya me han dado demasiadas veces gato por liebre (aún recuerdo la decepción con Andrew Vachss).

La etiqueta vende y el mundo editorial se aprovecha de ello, pero creo que sería más honesto utilizar otras denominaciones: novela criminal, detectivesca, thriller… Por no hablar de lo que son claramente novelas enigma herederas de Agatha Christie, que se meten también en el saco sin pudor alguno. En este sentido, Ediciones B marcó todo un récord de sinvergonzonería cuando tradujo el ensayo Talking About Detective Fiction, de P.D. James, como Todo lo que sé sobre novela negra. Y si cuela, cuela. En el texto acusaba a Chandler y otros escritores estadounidenses de usar lenguaje soez (es decir, realista) y les echaba en cara convertir sus historias en un reflejo de la lucha de clases. El asesino, obviamente, ya no era el mayordomo. Y eso lo había cambiado todo.

Valga esta introducción para explicar que trato de ser cauto al acercarme a autores contemporáneos del género, como George Pelecanos, a quien conocí por una recomendación del músico (y gran lector) Steve Wynn. El líder de The Dream Syndicate gira frecuentemente por España, y en 1998, en una de las varias conversaciones que mantuvimos a lo largo de los años, hablamos de libros y escritores y apareció el nombre de su amigo Pelecanos, por entonces desconocido en España. Años más tarde, su nombre empezaría a sonar a los aficionados por ser uno de los responsables (guion y producción) de la serie The Wire, creada por David Simon y Edward Burns, y también porque empezaron a traducirse algunos de sus libros al castellano: Mejor que bien (2002), Ojo por ojo (2003), Música de callejón (2004), Revolución en las calles (2005) y Drama City (2008).

Las novelas eran buenas, y la serie impresionante, una inteligente y compleja inmersión en el submundo criminal de Baltimore, así que abusé de la confianza que implicaba haber entrevistado con regularidad a Wynn y le pregunté si podía ponerme en contacto con Pelecanos. Previa consulta con el escritor, me proporcionó su email y así tuve la oportunidad de hacerle una entrevista, que apareció en marzo de 2009 en Neo, el suplemento del diario Levante, y ese mismo mes, en versión más reducida, en la revista Rockdelux.

En torno a la fecha en que mantuvimos la charla apareció en España El jardinero nocturno (2009), y después llegaron Sin retorno (2010), Lo que fue (2013) y El hombre que volvió a la ciudad (2019). Nada más hasta hoy, si mis datos son correctos. En estas tres últimas ya aparecía en la portada o en la contraportada que el autor era uno de los guionistas de The Wire, como sucedió también con las novelas de Richard Price posteriores a la popularización de la serie.

No ha habido, sin embargo, ninguna iniciativa editorial que haya apostado por traducir sus libros anteriores: ni el Cuarteto de Washington ni los protagonizados por el detective Nick Estefanos. De hecho, desde 2019 Pelecanos no ha vuelto a los anaqueles de las librerías españolas, me temo que debido a la discreta acogida recibida. Inicialmente, Ediciones B apostó fuerte por él, aprovechando el auge del género negro, pero las últimas novelas suyas ya llevaban el sello de El Aleph y RBA. Ninguna ha vuelto a intentarlo.

Lo cierto es que, en los últimos años, él mismo parece haber dejado a un lado su faceta novelística para centrarse en la televisión. Tras The Wire, mantuvo su colaboración con David Simon, en las vertientes de productor y guionista, en series tan exitosas como Treme (2010-13), un retrato de la Nueva Orleans post-Katrina a través de su exuberante escena musical; The Deuce (Las crónicas de Times Square) (2017-19), inspirada en Candida Royalle y ambientada en la industria del porno en el Nueva York a caballo entre los sesenta y los setenta; y La ciudad es nuestra (2022), en la que volvieron al género criminal y a las calles de Baltimore que tan bien conocían.

La buena noticia para sus lectores es que en 2026 ha vuelto a la literatura para recuperar a Derek Strange en The Blue Flame. Veremos si alguien la traduce al castellano.

GEORGE PELECANOS

«En la sala de guionistas de “The Wire” había mucha competencia»

Novelista, productor y distribuidor de cine, el autor estadounidense de origen griego es también uno de los responsables de The Wire, la serie de HBO considerada de manera unánime por la crítica internacional como uno de los grandes hitos en la historia de la televisión.

Sólo la tercera parte de sus novelas están traducidas al castellano, pero en el ámbito anglosajón se considera a George Pelecanos como uno de los grandes de la novela negra contemporánea. También ha sido productor y distribuidor de cine, pero probablemente la faceta de su trabajo que mayor relevancia ha logrado en los últimos años ha sido su participación en la serie televisiva The Wire.

En España sólo se han publicado cinco de sus novelas: las cuatro protagonizadas por Derek Strange y Terry Quinn y Drama City. Por tanto, permanece inédito el Cuarteto de Washington (DC Quartet). ¿Puede explicar en qué consiste?
La primera novela es The big blowdown, que comienza en Washington, en la época de la depresión económica, y termina en 1959. Es como mi Érase una vez en DC. El segundo fue un thriller blaxploitation titulado King Suckerman, situado en el 76 , durante la celebración del Bicentenario. La siguiente es The sweet forever, que se desarrolla en el 86, durante la epidemia de cocaína y crack. El cuarteto se cierra con Shame the devil, que transcurre en periodo contemporáneo. Todos los libros están conectados por la sangre y el linaje.

A veces se ha comparado con el Cuarteto de Los Ángeles, de James Ellroy. ¿Acepta el paralelismo?
Admiro el trabajo de Ellroy, pero obviamente tenemos distintas visiones del mundo. Sus libros tratan de poderosos hombres blancos que cambian la historia. Los míos hablan de gente común sin posibilidad de parar la historia, pero capaces de manejarla a nivel local. El Cuarteto de Washington fue un nombre que puso la prensa, no yo. Pero me pareció una descripción acertada, así que me la apropié.

Del mismo modo, tampoco se ha traducido la serie protagonizada por Nick Stefanos. ¿Qué tipo de detective es?
Es un detective punk rock. Utilitarista, con un sentido de la moral muy particular y bastante imperfecto. En la tradición de los héroes del western, protege a su comunidad, pero no es capaz de encajar en ella. No es ningún secreto que Nick Stefanos es mi alter ego.

¿Cuándo sabe que una serie ha finalizado? ¿Nunca ha tenido la tentación de retomar posteriormente a los personajes?
No, porque termina, precisamente, cuando ya no hay nada más que decir sobre esos personajes. Aunque Derek Strange regresará de algún modo. Creo que su historia no ha terminado.

Strange es el protagonista de Mejor que bien. Como otros de sus protagonistas, es de raza negra. ¿Resulta complicado ponerse en su piel?
No, en absoluto. Es trabajo. Vivo en una ciudad con población mayoritariamente negra, y si voy a escribir novela criminal urbana estoy obligado a reflejar esa realidad. Me he pasado la vida aquí. Durante años, he desempeñado trabajos de obrero en la ciudad, así que no supone un gran esfuerzo. Pero tienes que salir ahí fuera, escuchar a la gente y mostrar respeto.

En la novela, el detective Derek Strange afirma que la música del sello Tamla Motown era soul para el público blanco. ¿Refleja su opinión al respecto?
Me encanta la música de la Motown. Pero el hecho es que se manufacturaba para una audiencia mayoritariamente blanca, incluso en lo que se refiere a la imagen de los artistas. La gente de los sellos Stax y Volt simplemente trataban de hacer buena música. No les importaba si Otis Redding parecía demasiado negro. Motown mola, pero Stax los borró del mapa en términos de fuerza y emoción.

La música es un ingrediente habitual en sus novelas, que casi se leen como si tuvieran banda sonora. ¿Cuáles son sus preferencias?
Escucho muchas bandas sonoras cuando escribo. Temas de western de Ennio Morricone y otros compositores. Me ayuda con el ritmo de las escenas y aviva las imágenes en movimiento que tengo en la cabeza. También me gustan el rock de guitarras, el soul y el funk.

Tengo entendido que la edición americana de Revolución en las calles iba acompañada de un CD. ¿Qué contenía?
Lo que escuchan los personajes: Un montón de deep soul. Cosas de Stax y Volt, y algo de soul de Chicago. Tendría que haber una canción de Curtis Mayfield.

En alguna ocasión ha hecho lecturas públicas acompañado de la banda de Steve Wynn, para quien también escribió la letra de la canción Cindy, it was always you. ¿Tienen algún proyecto conjunto en perspectiva?
Hicimos una performance en un bar de Brooklyn. La banda de Steve tocó algo con sonido cercano al periodo eléctrico de Miles Davis mientras yo leía. Fue divertido. Empecé siendo admirador de la música de Steve, y al final nos hicimos amigos. Hemos hablado de hacer una ópera rock juntos. Sobre el papel suena a Tommy, pero probablemente se acabará pareciendo más al Berlin de Lou Reed.

Soul circus fue traducida al castellano como Música de callejón. ¿Le parece un título adecuado
No tengo voz ni voto en los cambios que sufren mis títulos al ser traducidos a otros idiomas, pero éste en concreto me gusta. Encaja.

Aunque sus novelas son muy cinematográficas, su relación con el audiovisual se ha desarrollado más en la faceta de productor que en la de escritor. ¿Por qué?
He adaptado un par de mis libros al cine y estoy tratando de que se hagan las películas. No cedo los derechos incondicionalmente porque me gusta mantener cierto grado de control sobre el material original, y eso lo hace más difícil, aunque espero que se concreten ambos proyectos.

Ha sido productor de varias películas independientes. ¿Cree que el calificativo se puede aplicar hoy en día a productos como Juno, que forman parte de la gran industria pero se venden como cintas independientes?
El negocio del cine ha cambiado. Cuando empecé, había verdaderos independientes, pero actualmente las películas de bajo presupuesto o de temáticas menos convencionales se hacen bajo el auspicio de los grandes estudios. Habrá una revolución en el cine cuando la gente se canse de comprobar que la mayoría de esas películas no se diferencian en absoluto de las comerciales.

También ha sido distribuidor, ¿no?
Mi empresa, Circle Films, estrenó The Killer, la primera película de John Woo que llegó a Estados Unidos. Sigo pensando que es su mejor trabajo. El sistema de producción americano no le ha servido de mucho, pero no creo que esté acabado.

¿Cómo se involucró en la serie The Wire hasta convertirse en uno de sus productores?
Antes de incorporarme como guionista al equipo de The Wire ya había producido algunas películas independientes. Cuando estaba en el set de rodaje, David Simon y Ed Burns, los responsables de la serie, se dieron cuenta de que sabía lo que estaba haciendo, y me ofrecieron el trabajo. Gran parte se reduce a tener la habilidad de mantener unida a la gente y tomar decisiones. Y, de nuevo, me gusta sentir que tengo el control. Supongo que me he acostumbrado a ello al trabajar como novelista.

En la serie participan otros grandes escritores, como Richard Price (autor de Clockers, llevada al cine por Spike Lee) y Dennis Lehane (responsable de Mystic river, adaptada por Clint Eastwood, y de Shutter island, dirigida por Martin Scorsese). ¿Los eligió usted?
Yo llegué después de Dennis Lehane, que es un viejo amigo mío, y David Simon trajo a Richard Price. También lo intentamos con Michael Connelly, pero su agenda no le permitió participar. Los escritores somos buenos guionistas, aunque también un poco testarudos. Había mucha competencia en aquella sala de guionistas. Todos queríamos escribir los mejores guiones y patearle el culo a los demás. Lo digo en el buen sentido.

Usted se encargó del capítulo de la tercera temporada en que muere el personaje de Stringer Bell, uno de los momentos más importantes de la serie. ¿Les costó tomar la decisión?
A lo largo de toda la temporada sabíamos que terminaría así. Encajaba perfectamente con el tema de la reforma y despejaba el camino al personaje de Marlo, que representa el cambio. Tuvimos que despedir al actor, Idris Elba, y eso no fue nada fácil. Nos gustaba su personaje y su modo de actuar, pero sobre todo le queríamos y le respetábamos mucho como persona. Como se dice a menudo en la serie, fue “asunto de negocios”.

¿Influyó de alguna manera el trabajo en The Wire en su libro Drama City, que casi parece una novelización de varios capítulos alternativos de la serie?
Absolutamente. Drama City es casi una consecuencia directa de The Wire. La ayuda de la policía de Baltimore y Washington fue fundamental en la novela.

¿Puede avanzar algo sobre la serie The Pacific, en la que trabaja actualmente?
Es para Tom Hanks y Steven Spielberg, el mismo equipo que hizo Band of Brothers, y se trata de una mini-serie para HBO. Como sugiere el título, se centra en los hechos acontecidos en el Océano Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. Mi padre luchó allí como marine, así que me uní al equipo de guionistas para honrarle. Debería emitirse en 2010.

Sus novelas recuerdan en ocasiones a Ed McBain, un clásico del género policiaco. ¿Le gusta su trabajo?
Sí, por supuesto. Hemos perdido a tres gigantes recientemente: mi amigo Jim Crumley, Donald Westlake y Ed McBain. Coincidí con él hace unos años, en una serie de conferencias en las Islas Vírgenes, y fue un honor salir con él. Ninguno de ellos podrá ser reemplazado.

Una última curiosidad: Su nombre aparece en los agradecimientos de la película Dos tontos muy tontos, de los hermanos Farrelly. ¿Por qué?
Somos amigos. Mis libros aparecen de manera casual en la mayoría de sus películas. Creo que soy su amuleto de la buena suerte. Como los monos disecados que regalan en las ferias. Les gusta frotarme la cabeza antes de gritar: «¡Acción!»

 

Foto de apertura: Alexa King.